Iron Fist: El último defensor
Continuamos recuperando la trayectoria de Los Defensores en nuestra sección de rescates del Daily Bugle: Edición Cine, esta vez con el paso de Iron Fist en Marvel Age #20 (agosto de 2017), en espera de nuestro repaso de la segunda temporada de Daredevil: Born Again, cuando retomemos el podcast de TBO en Pantalla.


K’un-Lun y Shou-Lao: mucho más que un arco de piedra y dos ojos llameantes.
La comparación con el precedente de la primera fase Vengativa es obligatoria: contrariamente a la expansión del escenario “cinemático” que representó Thor, las alusiones místicas de la primera temporada de Daredevil se diluyeron en la segunda, hasta desaparecer de las demás series Marvel de Netflix. Las alarmas se encendieron definitivamente cuando Luke Cage adelantó a Iron Fist, según asegura su showrunner, Scott Buck, para aprovechar el impulso de Jessca Jones. Pero sin despejar las dudas de cómo podría encajar en el contexto urbano y/o presupuesto televisivo de sus compañeras. Y en efecto, apenas sí atisbamos K'un-Lun, parecería obvio en contraste con la mucho más desarrollada Kamar-Taj fílmica de Doctor Strange, que debido a las limitaciones presupuestarias del formato. Aún amagando a jugar la carta del escepticismo, como hiciera Mark Millar al reservar el Asgard del Universo Ultimate, al internar a Danny Rand en un hospital psiquiátrico nada más llegar a Nueva York; pero sin alcanzar a trasladar nunca la duda al espectador, ni tan siquiera al personaje.
Pese a lo cual, la serie encuentra su espacio precisamente al omitir la llegada, adaptación y entrenamiento de Danny Rand en la Ciudad Celestial, transfiriendo su decisión entre ambos mundos al tiempo presente, en un punto en el que ya no encaja en ninguno de ellos. Diferenciándose así de similares regresos místico/ corporativos, como Batman Begins o Arrow, también de su propio origen en el cómic, porque ya no vuelve a casa buscando venganza, sino a sí mismo. La juventud de Finn Jones, respecto al resto de sus compañeros Defensores, es consistente con dicha perspectiva. Sus respectivas tragedias familiares definen igualmente, por ejemplo, a los treintañeros Matt Murdock o Jessíca Jones, pero como parte de su historia pasada. De hecho, Danny regresó a Nueva York con diecinueve años en el cómic, en lugar de veinticinco, pero la verdadera licencia es una actitud paradójicamente mucho más infantil en la serie, prácticamente un niño atrapado en el cuerpo de un adulto, traumatizado por su adolescencia perdida.


Claire Temple: ¿Enfermera (Doctora) de Noche… o Hija del Dragón?
Daniel Rand puede poseer el poder del Puño de Hierro, pero aún no la madurez para elegir su destino. Llega incluso a perder el control del Chi, homólogamente a la renuncia inconsciente de sus poderes por Peter Parker en Spider-Man 2. Ni tampoco le vemos aún con su traje, porque su búsqueda es sobre todo una huida. La familia sustituta que pretende recuperar son los Meachum, antiguas socios empresariales de su padre, Wendell Rand, y sus compañeros de infancia. En el cómic, Harold Meachum acompañó a los Rand en su viaje al Himalaya, donde asesinó a su padre frente a Danny y les abandonó a su suerte a él y a su madre, que se sacrificó dramáticamente para que llegara a K’un-Lun. Pero en la serie, Danny cree que fue un accidente, para encontrarse a Harold ya fallecido a su vuelta, y a sus hijos Ward y Joy, tio y sobrina en el cómic, al frente de Industrias Rand (Meachun & Rand en el cómic). Unos clichés andantes sobre el papel. que podrían haber naufragado con unos actores menos sólidos, pero David Wenham, Jessica Stroup y Tom Pelphrey logran dar credibilidad a sus evoluciones cruzadas, cargando realmente con el impulso de la serie. Más una imprevista figura maternal nada menos que en la implacable Jeryn Hogarth (Carrie-Anne Moss), que ya había debutado en Jessica Jones, pero se presentó efectivamente en origen como una antigua amigo y abogado de la familia Rand. Todo desde el cómic, pero en mucho mayor proporción que en éste, considérese que dos ejes tan centrales de la serie como la reclamación de la herencia de Danny y toda la evolución de Joy Meachum, se corresponden a sendas únicas escenas de Marvel Premiere #19 USA y Iron Fist #8 USA (1974 y 1976).


Un apócrifo Orson Randall (Johnny H. Yang) introduce el legado histórico del Puño de Hierro
Danny no encontrará su nuevo hogar en las torres de Wall Street o los lujosos apartamentos de Gramercy Park, sino en Chinatown. Un contraste que lejos de atemperar las críticas porque el protagonista no fuera asiático, las ha elevado por acumulación de clichés étnicos, como si la asociación racial con las artes marciales no fuera otro cliché, ni se trataran con menos tópicos la cultura corporativa en Iron Fist o las diversas mafias regionales de Daredevil. Qué poco ha durado el aval de las muy comprometidas Luke Cage y Jessicca Jones. No obstante, el actor y luchador anglo-malayo, Lewis Tan, estrella del duelo del “mono borracho”, ha revelado que fue considerado como Danny Rand. Por supuesto, el molde del “salvador blanco” pertenece a otra época, pero no a la Edad de Bronce sino a la de Oro, y antes al Pulp. Roy Thomas ya sublimó aquel Oriente mítico en un reino místico, podemos asumir ahora que modernizado como un entorno multiétnico, conforme al lavado de cara de Kamar-Taj y según han confirmado tanto Finn Jones como Scott Bunk. Si Doctor Strange trata la magia como un arte marcial y Iron Fist las artes marciales camo magia, la elección de Finn Jones debió de ser más polémica que la de Benedict Cumberbatch porque un británico rubio es más ofensivo que uno moreno. Por lo menos, la serie asume su propia paradoja cultural, cuando Danny interpela equivocadamente a Colleen Wing en mandarín. Que Laura Henwick se haya convertido en la favorita del público, demuestra que el problema quizá no sea el pseudo orientalismo de baratillo, sino el arquetipo de superhéroe estadounidense, blanco y multimillonario, cuyo rechazo ha llegado a relacionar Jones con la presidencia de Donald Trump. Pero en el fondo, ambas dimensiones conforman el alma dual del Puño de Hierro
Madre Grulla, Master Khan… ¿quién es Madame Gao?
La serie se guarda un as en la manga para conectarlas: superponer el enfrentamiento entre K’un-Lun y La Mano tras la conspiración de Harold Meachum. Un culebrón más ligero de lo que cabría esperar por las anteriores series de Los Defensores, pero lo suficientemente fluido para remontar laos problemas de ritmo que arrastraban aquellas. A costa de suprimir, en principio, el vínculo originario de Wendell Rand con K’un-Lun, sin explicar por qué se arriesgó entonces La Mano a liquidar a los Rand en la órbita de la Ciudad Celestial, si Wendell ya no los dirigía hacia ella. Y arrebatarle el factor generacional a Davos, que asume el mismo molde del Mordo de Doctor Strange al reformularse como el mejor amigo de Danny, que se vuelve contra él por su indignidad como Puño de Hierro. Por lo que tampoco llegó a desafíar a Shou-Lao, figurando en su lugar el símbolo del dragón sin alas, desde la primera temporada de Daredevil, en las papelinas de la enigmática Madame Gao (Wai Ching Ho). Ella es la verdadera mente maestra tras los Meachum, al frente de su propia facción de La Mano y revelándose definitivamente como inmortal, una villana capaz de tomar el testigo de Kingpin o Kilgrave. Si bien, el sucesor de la facción de Nobu, Bakuto (Ramón Rodriguez), no alcanza a hacerle sombra, desinflando parcialmente el desenlace, por mucho que se agradezca el vistazo interno a su organización, incluyendo entre sus reclutas al desaparecido Darryl de Luke Cage. Un final abierto que equivale a una declaración de guerra. Haya aceptado o no su destino, Danny Rand no podrá seguir huvendo del Puño de Hierro.
- 19 jun 2026
- TBO en pantalla